Cuando llega la adversidad

Cuando llega la adversidad

Emily Perl Kingsley es una escritora que se unió al equipo de Barrio Sésamo en 1970. Desde entonces ella se encargó de los guiones de la serie. En 1974 tuvo un hijo, Jason Kingsley, que nació con síndrome de Down. Sus experiencias con Jason inspiraron a Emily para incluir en Barrio Sésamo a personas con una discapacidad, tanto física como psíquica.

En 1987 Kingsley escribió el texto “Bienvenidos a Holanda” en el que compara la experiencia de tener un hijo discapacitado con hacer un viaje a Holanda, cuando en realidad se había programado para Italia.

La Fundación Mehuer en 2016 encargó un vídeo de sensibilización sobre las enfermedades raras a la agencia creativa ‘Crepes&Texas’, bajo la dirección del actor, productor y director Emilio Aragón, inspirado en la maravillosa historia de Emily Perl Kingsley. Puedes ver el vídeo pinchando aquí, y a continuación te dejo el texto:

«A menudo me piden que describa la experiencia de criar a un hijo discapacitado, para ayudar a las personas que nunca han compartido esta experiencia única a comprenderla, a imaginar cómo se sentirían. Es algo así:

Esperar un bebé es como planear unas vacaciones fabulosas… a Italia. Te compras un montón de guías y haces planes maravillosos. El Coliseo. El David de Miguel Ángel. Las góndolas de Venecia. Hasta es posible que aprendas algunas frases útiles en italiano. Todo resulta muy emocionante.

Tras varios meses de espera ansiosa, finalmente llega el gran día. Haces las maletas y emprendes tu viaje. Varias horas más tarde, al aterrizar el avión, la azafata anuncia:

–¡Bienvenidos a Holanda!

–¡¿Holanda?! –exclamas–. ¿Cómo es que estamos en Holanda? ¡Pero si yo viajaba a Italia! Esto tiene que ser Italia. ¡Llevo toda mi vida soñando con viajar a Italia!

Pero ha habido un cambio de itinerario. El avión ha aterrizado en Holanda y es allí donde tienes que quedarte.

Lo importante es que no te han llevado a un lugar horrible, desagradable, asqueroso, donde reinen el hambre, las plagas o las enfermedades. Es, tan solo, un lugar distinto.

Así que no te queda más remedio que salir y comprar guías nuevas, aprender un idioma totalmente diferente, y conocer a un grupo nuevo de personas, a las que de otro modo jamás hubieras conocido.

Es, tan solo, un lugar distinto. Tiene un ritmo más lento que Italia, es menos llamativo. Pero cuando llevas cierto tiempo allí, tras recuperarte de la primera impresión, al mirar a tu alrededor… empiezas a darte cuenta de que Holanda tiene molinos de viento… y de que Holanda tiene tulipanes. Holanda incluso tiene cuadros de Rembrandt.

Sin embargo, todos tus conocidos no hacen más que viajar a Italia y alardear a su regreso de lo maravillosa que ha sido su estancia allí. Y, durante el resto de tus días, te dirás: «Sí, allí era donde yo también tenía que haber ido. Eso es lo que yo había planeado».

Y el dolor que esto te causa nunca, nunca, nunca desaparecerá… porque el no realizar un sueño supone una pérdida muy muy importante.

Pero… si te pasas la vida lamentando el hecho de no haber ido a Italia, tal vez nunca llegues a tener la libertad para disfrutar de las cosas tan especiales y tan maravillosas… ¡que tiene Holanda!»

Emily Perl Kingsley, 1987

Vídeo de La Fundación Mehuer sobre las enfermedades raras inspirado en la historia de Emily Perl Kingsley: pincha para ver

Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader

Ikea decepciona con anuncio Navidad 2018

Ikea decepciona con anuncio Navidad 2018

El anuncio de Ikea para la Navidad de 2018 no es que sea bueno, es … lo siguiente; si eres de los pocos que todavía no lo han visto, pincha aquí para verlo y luego continúas con el texto.

El sábado tuvimos comida familiar, en la sobremesa alguien lo comentó y aunque la mayoría lo conocía, fue unánime el deseo de verlo. Al acabar, emoción generalizada; algunas lágrimas habían corrido por varias mejillas. La tertulia continuó centrada en el contenido y mensaje que transmite. Hubo quien sacó el móvil, lo buscó y difundió entre sus contactos sobre la marcha, precisamente lo contrario de lo que se propone al final del vídeo. El impacto emocional mueve, dispone, pero no es suficiente; hay que aplicar el esfuerzo personal para aterrizar e incorporar las ideas que nos parecen buenas.

Está muy bien hecho, es actual, toca un tema interesantísimo y… le sobran los siete últimos segundos; ahí es donde naufraga y decepciona. Justo hasta ese momento consigue un clima que lleva al espectador a sacar un propósito, sin que se lo sugieran: la necesidad de dedicar tiempo a quienes están a tu lado, de hablar y escuchar. Pero han querido añadir dos textos que es donde tiran por tierra todo lo anterior. En uno nos dicen que las redes sociales nos perjudican (desconecta); y en el otro que la solución es prescindir temporalmente de ellas (del 24 al 1). Pues lo siento, pero me recuerdan aquellos amigos que fueron a ver el Museo del Prado y, a la salida, uno de ellos comentó: “¿os habéis fijado cuánto polvo tienen los marcos de los cuadros?”. Nada que ver el contenido con la conclusión.

Si las redes sociales nos perjudican, no me diga Vd. que las va a desconectar durante una semana; si son malas, deje de usarlas. Porque de lo contrario se parece a los supermercados cuando empezaron a cobrar las bolsas de plástico, aludiendo que así contribuían a preservar el medio ambiente; mire Vd. si las bolsas de plástico son malas, no las oferte, ni gratis ni pagando, o entenderé que Vd. quiere recaudar más dinero y se saca una excusa que entra bien. Si quiere darle vacaciones a los que llevan las redes sociales, no me diga que lo hace porque así me ayuda a tener más conversaciones en familia.

Podemos considerar si las redes sociales son perjudiciales o si lo perjudicial es el mal uso que hacemos de ellas. En ese caso vamos a encarar el problema de otra manera, porque la tecnología ha venido para quedarse. De la misma forma que distinguimos entre consumo y consumismo; al primero lo vemos como algo positivo porque resuelve necesidades de las personas y mantiene la economía, al segundo como algo negativo. Y no por eso los centros comerciales proponen cerrar durante la Navidad y así facilitarnos evitar el mal uso del dinero.

Ante el reto que nos plantean las redes sociales, tenemos cuatro alternativas como sucede con otras innovaciones que surgen de continuo: aislarnos, acoplarnos a su propuesta, combatirlas para eliminarlas o formarnos para usarlas correctamente, aprovechando lo mucho bueno que tienen. El anuncio apuesta por la primera, mi propuesta es la última.

Mi admiración por Ikea es anterior al vídeo que comentamos y de verdad que les felicito por la difusión que está teniendo, señal de que han acertado en el tema y en cómo lo tratan; pero eliminaría los mensajes escritos del final y dejaría el logo sobre la escena de la cena familiar, tan animada que ella sola transmite un mensaje tremendamente positivo: en estos días de Navidad y siempre, con redes o sin redes sociales, sepamos dedicar tiempo a escuchar y compartir con quien está a nuestro lado.

Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader

La soledad del portero

La soledad del portero

Durante la comida en el trabajo, Pedro nos cuenta que su hijo Alberto de 7 años, ha empezado a jugar de portero con el equipo de fútbol del cole. Le enorgullece verle durante todo el partido muy bien colocado bajo los palos, siguiendo con atención las jugadas allá a lo lejos; los jugadores de los dos equipos parecen un enjambre que sigue al balón allí donde esté. Dice que Alberto asume la responsabilidad de guardar la portería para que sus compañeros jueguen tranquilos y que, si al balón se le ocurre llegar hasta sus dominios, sepan que allí está él para no dejarlo pasar.

Nos enseña una foto y todos coincidimos en titularla “la soledad del portero”.

Por la tarde, de regreso a casa en el coche, me viene el recuerdo de cuándo a la edad de Alberto salía corriendo del cole porque en casa me esperaban dos cosas: el beso de mi madre y la merienda. Lo primero me importaba menos que lo segundo; luego, con el tiempo, me di cuenta de que a mi madre le pasaba lo contrario. Mi hermano solía llegar antes, porque era mayor, corría más y también quería pillar la mejor parte de merienda; nunca discutimos por haber llegado antes a besarla, pero sí por diferencias de interpretación sobre a quién de los dos le correspondía uno u otro bocadillo.

Como el portero, mi madre pasaba casi todo el día sola, trabajando por y para los suyos. Nosotros no lo teníamos en cuenta, pero llegábamos a casa con la seguridad de que las cosas estarían hechas. Los compañeros de Alberto no están mirando a la portería todo el rato, pero saben que está bien defendida.

Dos o tres buenas paradas le sirven para justificar todo un partido sin moverse de su área chica, aunque después sólo se hable de quién ha marcado los goles. El trabajo de mi madre, de todas las madres, también tiene sus momentos de gloria cuando los hijos llegan a casa y se encuentran, entre otras cosas, la merienda preparada.

Son tiempos en los que el esfuerzo, el trabajo, la generosidad o la entrega, tienen dificultades para pasar de las palabras a los hechos. Por eso, desde aquí mi felicitación a Pedro por estar orgulloso de su hijo, un chaval que habitualmente pasará desapercibido y que, si es capaz de asumir un puesto poco brillante pero útil y eficaz, será porque en casa tiene un buen ejemplo… o dos.

 

Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader