Ella

Ella

Dejo el coche en el garaje con ganas de llegar a casa y relajarme; sobre todo darle un abrazo. El día en la oficina ha sido intenso y tenso. Salgo del ascensor y pienso en ella. A primera hora de la tarde me ha llamado ¿a qué hora llegarás? Querrá contarme algo, compartir una alegría o un disgusto. Me entran las prisas.

Delante de la puerta respiro hondo tres veces, hago reset y limpio la mente. Visualizo su cara, eso me llena el corazón de alegría y me ilumina la cara con una sonrisa. Me arreglo la corbata, estiro un poco la americana y entro. ¡Hola! ¡hola!… no hay respuesta. Avanzo por el pasillo, abro todas las habitaciones, no está. Noto la amenaza de tormenta, de crisis emocional ¿cómo es posible que no esté?

Entro en la cocina, la mirada se va directa a un papel pegado en la nevera, escrito con letras grandes: he salido un momento a comprar, no te quites la corbata, vuelvo enseguida ¡TE QUIERO!

Cierro los ojos, imagino el abrazo, me quedo bobo y ahí me encuentra ¡anda, míralo! ¿por qué no respondes, qué haces?  Pues … es que te estaba diciendo que … yo también ¡TE QUIERO!

16-12-19

Relato inspirado y dedicado a Ignacio y Lola, que el día 5 cumplieron veintidós años de novios. Recuerdan con todo detalle el momento, lugar y circunstancias en que se puso en marcha su calendario particular, donde también tienen remarcada la fecha de la boda y el nacimiento de cada uno de los tres hijos. No todo ha sido de color rosa, pero han sabido mantener viva la llama que aquél día encendieron; esa llama que hoy sigue chisporroteando por sus ojos cuando se miran y que calienta los abrazos cuando al final de la jornada se encuentran.

Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader

El otoño

El otoño

He salido al jardín a respirar el aire del otoño, a empaparme de sus colores, sin intermediarios. El cielo, los árboles, las piedras, el silencio… me retienen con su mensaje.

La lluvia fina resbala por la capucha, mientras contemplo absorto el manto de hojas que cubren la hierba y los amarillos que se sobreponen a los verdes.

Antes vibré con la vida que brotaba de sus yemas, luego me emocioné con las flores que salpicaban el jardín. Mañana me cubrirá la nostalgia del invierno con sus ramas desnudas.

La vida te sorprende a cada paso, te ofrece la emoción de las cosas sencillas.

Cuando miras con cariño (a las personas, al paisaje), se despierta en tu interior la sensación de que la vida es algo más que hacer cosas.

18-11-2019

Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader

Ni él ni ella están solos

Ni él ni ella están solos

A la señora de la foto se le murió el marido hace trece años, tal día como hoy: era veintitrés de septiembre.

La instantánea recoge uno de tantos momentos que pasan a solas. Pero ni él ni ella están solos.

El la tiene a ella. Y a ella, el recuerdo no la bloquea; le aviva el cariño, la impulsa a estar activa para los demás: favores entre vecinas, compañía a enfermos, visitas a la familia, tardes con las amigas, siempre pendiente de los suyos.

Los paseos frecuentes al cementerio y la oración continua, actualizan el amor que les unió. Y un corazón que ama transmite alegría, contagia optimismo; atrae porque a su lado se está bien. Siempre se siente acompañada.

Ella es mi madre y él, mi padre.

Cuatro hijos, un quinto se fue con los ángeles a los tres meses; cuatro nietos, cinco bisnietos. En nombre de todos: gracias mamá, gracias papá.

23-09-2019

Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader

Ser como yo: esa es la cuestión

Ser como yo: esa es la cuestión

Para alimentar el gusanillo de una de mis aficiones, de vez en cuando veo el programa “Todo Caballo” de la televisión Canal Sur, a través de youtube. Para mí cumple tres condiciones interesantes:

Entretenido: la belleza del caballo va acompañada de la del paisaje andaluz, mostrada por una fotografía muy cuidada

Divertido: el presentador es ameno, imprime un ritmo ágil, divide el programa en varios apartados y cuando pasan de uno a otro, te quedas con ganas de más.

Formativo: aporta mucha información sobre el mundo del caballo; en cada programa aprendo algo de lo que me interesa.

El viernes por la noche nos alargamos en la sobremesa, el ambiente estaba distendido y surgía la conversación con facilidad. Poco a poco se levantó uno, otro y otro, hasta que todos acabamos delante de la tele, ya un poco tarde. Después del primer zapping no encontramos algo de interés, así que propuse ver uno de los programas de Todo Caballo: aplausos generalizados, poco más y me hacen la ola. No es que a ellos les guste, pero saben que a mí sí; son esos momentos de familia en que uno se siente comprendido y querido.

A la mañana siguiente nos juntamos el grupo habitual de los sábados para desayunar; es una costumbre que mantenemos desde hace tiempo. Contamos las novedades de la semana y arreglamos el mundo en aquellas partes más urgentes; pero siempre dejamos algo para la semana siguiente.

En esta ocasión les conté el impacto que me había producido la reacción tan bonita que tuvieron en casa la noche anterior, cuándo propuse ver un programa de caballos, y el sentimiento que despertaron en mí. Todavía tenía la palabra en la boca, cuando Ramón me cortó ¡vaya, uno fútbol, otro tenis y otro caballos! ¿Es que nadie ve algo normal en la tele? De repente, había pasado de sentirme acogido a sentirme rechazado, de ser querido con mis peculiaridades a ser arrinconado por ellas. Respiré hondo, aguanté el tirón y conseguí que no me afectara. Entendí que en su reacción primaria, había soltado una frase de una profundidad enorme, como el brochazo que llena el lienzo dejando la impronta del artista; si además la enmarcaba con el tono burlón que la dijo, de superioridad, con aire de malote perdonavidas, salía un cuadro digno del mejor museo. La conversación giró a otros temas, al acabar nos despedimos hasta la próxima semana. Pero el resto del día me acompañaron algunas preguntas para las que busco respuesta: ¿qué es “lo” normal? ¿quién lo decide? ¿por qué nos cuesta querer las particularidades de los demás?

Conozco bien a Ramón, es un tipo inteligente, de pensamiento profundo, que dedica su día a ayudar a otros dentro y fuera del trabajo, una persona buena. Pero tiene una pega, sólo una, aunque grande: no es como yo. Se lo he dicho unas cuantas veces, pero insiste en ser como él y se equivoca. Porque mis gustos son normales, mis aficiones son normales, incluso mis manías son normales. Claro que, si se esfuerza, aún está a tiempo. Desde aquí le envío una palmadita en la espalda ¡ánimo Ramón que tú puedes, que si te esfuerzas lo conseguirás… ser como yo!

Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader

Cuando llega la adversidad

Cuando llega la adversidad

Emily Perl Kingsley es una escritora que se unió al equipo de Barrio Sésamo en 1970. Desde entonces ella se encargó de los guiones de la serie. En 1974 tuvo un hijo, Jason Kingsley, que nació con síndrome de Down. Sus experiencias con Jason inspiraron a Emily para incluir en Barrio Sésamo a personas con una discapacidad, tanto física como psíquica.

En 1987 Kingsley escribió el texto “Bienvenidos a Holanda” en el que compara la experiencia de tener un hijo discapacitado con hacer un viaje a Holanda, cuando en realidad se había programado para Italia.

La Fundación Mehuer en 2016 encargó un vídeo de sensibilización sobre las enfermedades raras a la agencia creativa ‘Crepes&Texas’, bajo la dirección del actor, productor y director Emilio Aragón, inspirado en la maravillosa historia de Emily Perl Kingsley. Puedes ver el vídeo pinchando aquí, y a continuación te dejo el texto:

«A menudo me piden que describa la experiencia de criar a un hijo discapacitado, para ayudar a las personas que nunca han compartido esta experiencia única a comprenderla, a imaginar cómo se sentirían. Es algo así:

Esperar un bebé es como planear unas vacaciones fabulosas… a Italia. Te compras un montón de guías y haces planes maravillosos. El Coliseo. El David de Miguel Ángel. Las góndolas de Venecia. Hasta es posible que aprendas algunas frases útiles en italiano. Todo resulta muy emocionante.

Tras varios meses de espera ansiosa, finalmente llega el gran día. Haces las maletas y emprendes tu viaje. Varias horas más tarde, al aterrizar el avión, la azafata anuncia:

–¡Bienvenidos a Holanda!

–¡¿Holanda?! –exclamas–. ¿Cómo es que estamos en Holanda? ¡Pero si yo viajaba a Italia! Esto tiene que ser Italia. ¡Llevo toda mi vida soñando con viajar a Italia!

Pero ha habido un cambio de itinerario. El avión ha aterrizado en Holanda y es allí donde tienes que quedarte.

Lo importante es que no te han llevado a un lugar horrible, desagradable, asqueroso, donde reinen el hambre, las plagas o las enfermedades. Es, tan solo, un lugar distinto.

Así que no te queda más remedio que salir y comprar guías nuevas, aprender un idioma totalmente diferente, y conocer a un grupo nuevo de personas, a las que de otro modo jamás hubieras conocido.

Es, tan solo, un lugar distinto. Tiene un ritmo más lento que Italia, es menos llamativo. Pero cuando llevas cierto tiempo allí, tras recuperarte de la primera impresión, al mirar a tu alrededor… empiezas a darte cuenta de que Holanda tiene molinos de viento… y de que Holanda tiene tulipanes. Holanda incluso tiene cuadros de Rembrandt.

Sin embargo, todos tus conocidos no hacen más que viajar a Italia y alardear a su regreso de lo maravillosa que ha sido su estancia allí. Y, durante el resto de tus días, te dirás: «Sí, allí era donde yo también tenía que haber ido. Eso es lo que yo había planeado».

Y el dolor que esto te causa nunca, nunca, nunca desaparecerá… porque el no realizar un sueño supone una pérdida muy muy importante.

Pero… si te pasas la vida lamentando el hecho de no haber ido a Italia, tal vez nunca llegues a tener la libertad para disfrutar de las cosas tan especiales y tan maravillosas… ¡que tiene Holanda!»

Emily Perl Kingsley, 1987

Vídeo de La Fundación Mehuer sobre las enfermedades raras inspirado en la historia de Emily Perl Kingsley: pincha para ver

Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader