La mesa se fué llenando en el bar donde quedamos a desayunar, un encuentro semanal de amigos que mantenemos contra viento y marea, del que estamos muy orgullosos. Aquel sábado de otoño amaneció frío y a los perezosos nos pilló con la ropa de temporada todavía en el armario, bien guardada. «Te he enviado un mensaje para avisarte de que la temperatura está como la economía, por los suelos» dijo Lorenzo cuando llegó Ricardo frotándose los brazos para entrar en calor. «No lo he recibido porque el móvil me está dando problemas». Nos explicó que hace unos días lo llevó a la tienda donde lo había comprado. Le atendió un dependiente joven, muy puesto en las cuestiones tecnológicas, que se expresaba con desparpajo y manifestaba seguridad. Ricardo le contó lo que le pasaba al teléfono y añadió que le sorprendía porque era un aparato bueno de una buena marca. El dependiente le escuchó con cara de ¡pero ¿qué me estás contando?! y sentenció el diagnóstico sin inmutarse: ya, pero este modelo es de hace un año. Ricardo salió de la tienda con la moral hundida y arrastrando el orgullo. A él, un profesional consolidado, inquieto por estar a la última en nudos de corbata, en zapatos o en ordenadores portátiles; a él que le suenan alarmas continuamente para informarle del tiempo, de los goles de su equipo o de las ultimísimas noticias; a él le habían afeado que su móvil era un modelo… ¡de hace un año!.
A la hora de comprar nos afecta el ambiente que presiona para estar subidos a lomos de la novedad. La tendencia al consumismo flota en todos los rincones, y a los que somos de carne y hueso nos tienta: que si me espero un mes a que salga el nuevo modelo, que si total por unos euros más tengo otro con más prestaciones. Nunca faltan excusas para ir más allá de lo que cubre nuestra necesidad.
Por eso es muy de agradecer encontrarte con tipos normales que saben superar esa situación sin poner cara de mártir. Y me acordé de Ángel, durante una comida en el trabajo hace unos años, cuando los smartphones habían desplazado a las pda al último cajón de la mesa, donde se guardan los cacharros curiosos. Le pidieron un dato, sacó la pda y hubo una exclamación general ¡ooohhh! pero ¿qué es éso? Y Ángel nos enseñó con naturalidad su HTC estrenada hace ocho años. La guardó mirando a la concurrencia y algunos bajamos la mirada algo avergonzados.
Por dentro me dije: Ángel ¡eres mi héroe!, ochos años con el mismo teléfono y aún nos dice ¿cambiar? ¿para qué? si funciona estupendamente y tiene más de lo que necesito.
Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader
Este blog es un pequeño cajón de sastre donde encontrarás escritos inspirados en el día a día, apuntes sobre aficiones y entretenimientos, comentarios a noticias leídas, material para descargar y asuntos varios. El día a día del que aprendemos continuamente, porque estamos en la escuela de la vida.
Cuandio e leido el titulo he pensado, Rafa està publicando escrito de hace un año
Es tan poc un año, tan poco ……el tiempo i las cosas lo medimos los hombres, la eternidad Dios….no todó pasa de moda, la vida no pasa de moda.
El escrito es del 13-03-2016 pero la situación que describe (esa presión por la novedad) se ha agravado aún más y a esa novedad se le ha sumado la exigencia de la inmediatez: lo quiero, pero ya.
Así que siguiendo esa tendencia, a mí se me ocurrió hacer una primitiva (la primera que he hecho en mi vida) y decirle al lotero que quería cobrar el premio ya, antes de salir de su Administración de loterías. ¡Pero no me ha funcionado!