Jun 12, 2018 | Escritos
«A la primera es un poco así, pero enseguida ves que es de un trato sencillo y muy maja». Se refería a Rosario, una chica viuda que ocupa su tiempo con tareas de limpieza en algunas casas.
Lo de chica es porque mi madre llama así a todas las mujeres que tienen la misma o menos edad que ella; bueno a veces dice “una joven”, supongo que es cuando la diferencia de años ya es muy notable.
El caso es que mi madre cuando cumplió los 93 se dió por vencida y aceptó que había llegado el momento de buscar alguien que le hiciera las tareas más pesadas de casa. Enseguida pensó en Rosario, que trabajaba para dos de sus amigas y era buena persona.
Una mañana de junio de 2018 la llamó y, aunque ya le advirtió que tenía los días completos y no podía comprometerse con más encargos, aceptó venir a vernos para hablar. Se presentó a la hora prevista, se saludaron y mi madre enseguida empezó a hablar, entre otras cosas porque no oye bien y no se dio cuenta de que Rosario ya lo estaba haciendo. La escuchó con atención, la dejo acabar sin interrupciones y le dijo que no podía porque ya tenía los días ocupados, en un tono y de un modo que parecía cualquier otra cosa menos un “no”. Gracias a Dios, le había quedado pensión de su marido y, aunque no es gran cosa, ya tenía la vivienda asegurada. Con esos trabajos completaba los ingresos para llevar una vida modesta y también quería tener tiempo para sus cosas; así ocupaba todos los días de lunes a viernes. El fin de semana lo dejaba libre de encargos, porque ayudaba a las monjas de la residencia de ancianos en la hora de comidas y cenas; también acudía a limpiar la iglesia con un grupo de voluntarias.
«De todas formas, María, si un sábado o domingo quieres que te acompañe a misa, me llamas y lo haré con mucho gusto. No voy mucho a misa y me vendrá bien.»
Mi papel en el encuentro era de espectador y se me estaba poniendo cara de boquerón al descubrir aquella persona que rezumaba bondad, de palabra y con los hechos que sin darse importancia iba contando. Viuda, sin hijos, agradecida a la vida por las oportunidades que le daba, generosa con los demás, dispuesta para hacer un favor “porque sí”, «porque tengo suficiente para vivir». Aquella visita la había encajado en medio de dos trabajos, en el siguiente ya la estarían esperando, pero no tenía prisa por marchar, se notaba que quería dejar contenta a mi madre y descubrir en qué otras cosas podía ayudarla.
La acompañé hasta la puerta; al despedirnos le agradecí que hubiera venido sabiendo que se podía haber ahorrado el viaje, pues al fin venía para decirnos que no podía. Y sin embargo fue ella quien cerró el saludo con un “gracias a vosotros por acordaros de mí”.
Por si me quedaba alguna duda, su actitud y sus palabras de despedida me confirmaban lo que había vivido en aquel encuentro. Lecciones que uno recibe en cualquier lugar y momento, de personas como Rosario: que a la primera es un poco así, pero enseguida ves que es de un trato sencillo y muy maja.
Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader
May 27, 2018 | Aficiones, Escritos
El 4 de marzo de 2016 el diariolagrada.com publicó una noticia titulada “Increíble carta de un niño perico de 12 años a Gerard Piqué”, en la que un chaval del Espanyol, escribe una carta a Gerard Piqué, jugador del Barça: Yo soy del Espanyol, pero siempre quiero que gane el Barça, porque todos mis amigos son del Barça y si gana el Barça ellos están contentos y yo quiero que mis amigos estén contentos, porque son mis amigos. pincha aquí para leer la carta
El recuerdo de aquella noticia me acompaña éstos días, porque he podido compartir con amigos la alegría de que el Barça sea campeón de Liga y de Copa, el Atléti campeón de Europe League y ayer, el Madrid campeón de Champions League.
Hoy por ser un domingo tranquilo, le he dedicado un poco de tiempo a repasar portadas de periódicos, también algunos deportivos. Me llama la atención uno de ellos con ésta relación de primeras noticias:
1.- Bomba Cristiano: No puedo asegurar que vaya a estar el año que viene en el Madrid
2.- La bofetada de Puyol a la directiva del Barça tras la decimotercera del Real Madrid
3.- Contundente respuesta de Florentino Pérez a Cristiano Ronaldo
4.- Cristiano Ronaldo agranda su crisis con el Real Madrid
5.- La brutal guerra de tuits entre Arbeloa y Manolo Lama
6.- El mensaje de Sergio Ramos que aún enciende más a los egipcios
7.- Bale también se quiere ir del Real Madrid
8.- El codazo de Ramos a Karius que pudo cambiarlo todo
9.- Quién es Loris Karius, el “héroe” de la decimotercera
10.- Crisis interna en el vestuario del Real Madrid por Cristiano Ronaldo
Sólo con leer los titulares de corrido, a uno le entra pánico: bomba, bofetada, crisis, guerra, codazo… No hay resquicio para el optimismo.
Posiblemente, si el niño perico de la carta a Piqué lee la portada de éste periódico, echará en falta la alegría de que haya ganado “otro equipo” que no es el mío; pero claro, es que ni siquiera dice que ha ganado.
Tengo un amigo que le dedica tiempo y esfuerzo a promocionar los valores a través del deporte; lo hace en persona en todos los ámbitos que puede y también a través de un blog muy seguido: https://deporteconvalores.com/
Comparto inquietudes con él, aunque mi colaboración consiste en apoyarle y animarle, como pretende ser este escrito. Tenemos mucho recorrido por delante, y el día que los periódicos deportivos nos echen una mano, avanzaremos mucho más rápido. Desde luego, las ganas y el optimismo no nos van a faltar.
Ah! y felicidades a los seguidores del Real Madrid por un nuevo triunfo; os lo dice uno del Real Zaragoza, aunque ya no tiene 12 años como el chaval perico.
Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader
Abr 12, 2018 | Escritos, Noticias
Me cuenta Felipe que ésta semana paró en un bar al lado de la carretera, camino de Peñafiel. Mientras tomaba el café, habló un poco con el camarero, interesándose por el trabajo y también por algunos aspectos de la familia. Fue un tiempo breve, suficiente para desentumecer las piernas, despejarse y continuar al volante. Al despedirse, aquel buen hombre le dio las gracias. Felipe hizo una mueca de extrañeza, sorprendido. “Mire, por este bar pasa mucha gente gracias a Dios, no me puedo quejar del negocio. La mayoría entran, piden y se van, algunos sin decir adiós; Vd. me ha dado conversación, me ha tenido en cuenta, y éso es muy de agradecer”.

Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader
Abr 5, 2018 | Escritos
Era uno de los últimos días de invierno; después de lluvias intensas y viento racheado, el sol templaba el ambiente y alargaba la tarde. Entraba en casa cuando sonó el teléfono: “Rafa el pino de la entrada ha caído sobre la valla de la calle ¿me puedes ayudar?” Era Guillermo el vecino; las horas de trato para compartir aficiones, trabajos caseros y ayudas mutuas, han forjado una sincera amistad entre nosotros.
El día que estrenó su matrimonio con Laura, entraron juntos en aquella casa para iniciar una andadura que hoy reafirman maravillosa. Dentro y fuera de las cuatro paredes, tenían casi todo por hacer. Dentro pusieron mucho cariño y toneladas de ilusión, además de algunos muebles, cortinas y cuadros. Después llegaron Rodrigo, Laura, Guillermo, Beatriz y Cristina; con sus lloros, risas, gritos y juegos acabaron de llenar la casa hasta rebosar. Fuera, la pequeña parcela de tierra árida la ha convertido en una zona amigable y acogedora, a base de tiempo y esfuerzo. Rosales, hortensias, romeros, madroños, laureles, acebo, moreras, pinos, cipreses y unos retales de césped, le dan color, aromas y texturas todo el año.
El pino de la entrada se llevó la mayor parte de sus cuidados; creció sano y fuerte, ensanchó la copa un poco cada vez que la familia crecía, para asegurar la sombra a toda la pandilla y la brisa en las tardes calurosas. A su pie han pasado horas de charla, juegos, meriendas, siestas, peleas, reprimendas y reconciliaciones. Ha sido punto de encuentro y de refugio. Discreto, silencioso, sus oídos eran sordos a las intimidades, los ojos ciegos a las travesuras, en sus labios no había lugar para las indiscreciones.
Cuando llegué, Guillermo estaba en la calle con Julián, otro vecino. Nos saludamos y me contó: la lluvia intensa de estos días y el viento a ráfagas, han podido con la resistencia del terreno y el pino se ha vencido. Hicimos planes para sujetarlo; pero de repente, una nueva ventolera agitó la copa, el tronco se removió y cayó lentamente arrastrando la valla y la farola. El estruendo de las ramas abrazando el asfalto nos sobrecogió. De reojo ví a Guillermo con la mirada fija en el pino tumbado; cerró los ojos, movió la cabeza y suspiró ¡se acabó! Sereno, sin alterarse, empezó a pensar en los demás, como siempre: hay que avisar a los vecinos, poner unas vallas para cortar la circulación, traer la motosierra, darnos prisa para molestar lo imprescindible.
En dos horas limpiamos la calle y volvió la normalidad; aunque la valla, la farola y las ramas amontonadas delataban el incidente. Algunos vecinos acudieron para interesarse, otros se paraban al pasar. Para todos tenía un agradecimiento, un no pasa nada, un gracias a Dios estamos bien. Se echaba la noche y el frío, era el momento de la despedida. Quise decirle algo sentido, pero Guillermo se adelantó con una reflexión en voz baja, un susurro que le salía del corazón: le tengo envidia, toda una vida al servicio de los míos y, al final, hasta su leña servirá para calentarnos en invierno, en la casa del pueblo; antes y después se ha consumido para los demás.
Volví a casa, andando despacio para saborear lo vivido aquella tarde, convencido de que la historia del pino tiene mucho de la historia de Guillermo: en los dos casos da gusto estar a su lado. Es lo que tienen las personas buenas.
Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader