Mar 5, 2025 | Aficiones, Descargas, Escritos
Ángel nos hablaba con frecuencia de su afición a disparar con arco, algo que había podido hacer pocas veces. Pero alimentaba su ilusión con lecturas, vídeos y cualquier información que caía a su alcance; luego lo comentaba en las tertulias, escenificaba posturas y nos hacía disfrutar como si de verdad tuviera uno entre sus manos.
Se acercaba la celebración de las bodas de plata de su matrimonio con Cristina; en la cuadrilla empezamos los preparativos y, entre otras cosas, decidimos regalarle un arco y algunos complementos. El sábado por la mañana, con Paco y Jesús nos acercamos a una tienda que nos habían aconsejado, donde podríamos encontrar lo que buscábamos. En realidad, no sabíamos lo que queríamos, porque ninguno de los tres tenía ideas claras al respecto.
Encontramos una sección dedicada a ese deporte; en aquel momento, un joven con pinta de poca experiencia en la vida en general y en los arcos en particular, ordenaba las estanterías. Para despejar las dudas le preguntamos si era de la sección, no fuera el chico de los recados que pasaba por allí. Con mucha amabilidad se ofreció a ayudarnos en lo que necesitáramos. Pronto se dio cuenta de que, a pesar de nuestros esfuerzos, ni entendíamos ni sabíamos lo que queríamos. Nos dedicó tiempo, paciencia, explicaciones y una sonrisa permanente; puso en nuestras manos distintos arcos y flechas; nos ilustró sobre los diferentes materiales con sus ventajas e inconvenientes. Preguntó por nuestro amigo: edad, experiencia, tiempo que le podría dedicar; se hizo cargo de la situación exacta y concluyó con unos consejos sobre lo que le podría interesar, el equipo adecuado para iniciarse, lugares donde podría practicar, progresión que podría hacer con otros materiales y costes que asumiría, si se consolidaba en la afición.
Salimos con el regalo adecuado, convencidos de que lo mejor que nos había pasado era tropezarnos con aquel joven con pinta de poca experiencia, que resultó ser un buen chaval y gran profesional. Por la tarde, al pensar en cómo nos había tratado, me di cuenta de que aquel tipo me alegró el día.
A ti que lees este texto, seguramente te habrá pasado algo parecido en algún momento. O a lo mejor eres tú una de esas personas.
Rafael Dolader – vidaescuela.es- @rdolader
Jun 16, 2023 | Aficiones, Escritos
Nazarí es un caballo torero, de la cuadra del rejoneador Diego Ventura. De raza lusitana y color castaño, con habilidad y potencia para galopar llevando al toro pegado a la grupa. Elegante en los andares, valiente para entrar de cara a la faena, preciso en la batida y en el quiebro. Con extraordinario físico y una estampa que embelesa.
Mi afición a los caballos no llega tan lejos como para describirlo con tanto detalle; para la ocasión he acudido a lo que otros han escrito sobre Nazarí, a raíz de que el pasado 20 de mayo se jubiló en la plaza de las Ventas de Madrid, tras una magnífica faena que le valió, una vez más, el mayor premio: la Puerta Grande.
Al final de la tarde, sin que nadie lo esperara, su dueño lo sacó de nuevo a la arena, le despojó de la silla, le quitó lentamente la cabezada, entre lágrimas le depositó un beso en la frente y le dio una palmada en la grupa para que galopara libre. El caballo salió al trote hacia la barrera y recorrió media plaza mirando al tendido, como si quisiera responder al público que le aplaudía de pie en homenaje a tantas tardes de gloria que han compartido. Luego volvió a encontrarse con el jinete y regresaron a la cuadra. Ahí se cerró el currículum del mejor caballo en su mejor momento.
En lo más alto de su carrera profesional, cuando todavía le quedan unos años de buen rendimiento, Diego Ventura decide jubilarlo como caballo torero: “nunca más volveré a montarlo, será para mis hijos, ellos disfrutaran de Nazarí y él de la libertad en los prados que le esperan”.
Estos días se han producido cambios importantes en instituciones públicas y privadas bien conocidas. Reciente la noticia de Nazarí, emocionado por su estética y removido por la decisión, relaciono unas jubilaciones con otras y me aplico por sacar consecuencias. Los cambios son necesarios, unas veces vienen impuestos y otras hay que decidirlos; pasa también en nuestra vida.
Seguramente no hay una única conclusión, pero me sirve de ejemplo la fortaleza, elegancia y generosidad que he visto en el caso de Diego Ventura y su caballo Nazarí.
Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader
14/06/23
Jun 1, 2023 | Aficiones, Escritos
En los años que estuve en la escuela de D. Emilio aprendí muchas matemáticas; nos contagiaba su pasión por el cálculo y las operaciones. Allí los números comían el tiempo a las letras y de lectura andábamos justitos.
Luego pase al Instituto y la dedicación a la lectura siguió más bien escasa; leíamos lo imprescindible para llevar la lección al día.
En casa, mi padre era aficionado lector, pero tenía pocos libros, muy pocos; por no tener, no teníamos ni librería.
Por eso, hacia finales de los sesenta, me sorprendió mi hermano Jose Antonio cuando me propuso que hiciéramos la colección de libros RTVE; aunque el gusto por la lectura me pillaba un poco lejos, le dije que sí. De la paga que nos daban los domingos, apartábamos una cantidad para comprar cada ejemplar que se publicaba. Allí conocí a Julio Verne y disfruté con sus aventuras y ciencia ficción.

En la pandilla, Margarita metió el gusanillo de la lectura en plena adolescencia. Los libros de José Luis Martin Vigil pasaban de mano en mano y, a veces, había que esperar turno hasta que alguno quedaba libre.
Cuando llegué a trabajar a Barcelona, me instalé en una pensión donde lo que más abundaba era el tiempo. Por las tardes era frecuente vernos tumbados en la cama, leyendo novelas del oeste, del español Marcial Lafuente Estefanía que llegó a publicar más de dos mil quinientas. Les llamábamos novelas de “tiro tenso”.
Y de ese modo, la lectura se subió al tren de mi vida y la hemos recorrido juntos; títulos, autores y materias me han llevado de aquí para allá en un viaje emocionante, unas veces divertido, otras no tanto, siempre interesante.
Pablo, profesor de Historia y gran lector, me dio un consejo: “lee para disfrutar, no te importe si al cabo de un tiempo no recuerdas los personajes o las situaciones concretas. Cada libro deja un poso que te mejora sin que te des cuenta”.
Hoy me he acordado de todos los que he citado y quiero darles las gracias, junto a tantos otros que se han “posado” en mi interior con cada libro, porque rebuscando en la librería he encontrado un ejemplar de aquella magnífica Colección Libros RTVE.
Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader
31/05/23
Ene 21, 2021 | Aficiones, Escritos
El día de Reyes te levantaste inquieto, algo nervioso, sin perder la serenidad y afabilidad de tu porte externo. Pendiente de todo y de todos, animabas el desayuno con tu conversación mientras te anticipabas a servir las preferencias de cada uno. Me decías que el corazón se te agitaba cada vez que pasabas por delante del cuarto que guardaba los regalos, deseando que llegara pronto el momento del reparto, pero sin desperdiciar ningún minuto de los muchos que aún faltaban, atento a la casa, las personas o el teléfono. El esmero que ponías en cada una de tus acciones, la sonrisa dibujada en tu cara, nada hacía presagiar la llama interior que alimentaba tu fiesta de Reyes. El espíritu del niño que un día fuiste seguía vivo cincuenta años después. Las cargas de una vida profesional dilatada, la responsabilidad familiar compartida, la implicación en varios proyectos sociales, tu participación en iniciativas ciudadanas, no habían alejado de tu interior la capacidad de ilusionarte ante un acontecimiento sencillo, ni la sensibilidad de emocionarte por un pequeño detalle. Te habías hecho hombre sin dejar de ser niño.
Disfrutaste de la fiesta. Te alegrabas con cada uno de los regalos que recibían los demás y se te iluminó la cara con los tuyos. Abrías los ojos expectantes mientras desenvolvías los paquetes y nos contagiabas tus sentimientos. Llegó el final y nadie se dio cuenta de que eras tú quien recogía, ordenaba y limpiaba, a la vez que te interesabas por uno y otro: ¿te gusta?, ¿estás contento?.
Tus regalos quedaron sobre la mesa. Cómo nos reímos, cuando contabas que a la mañana siguiente te habías despertado con el relincho de los caballos y saliste de la cama disparado para ver qué les pasaba; no distinguías si habían sido de verdad o eran parte del sueño que te envolvía aquella madrugada. Con la misma sencillez decías que, si no es en esta vida, al menos en la otra querrías tener muchos caballos, para que todos tus amigos podamos pasear contigo y enseñarnos todo lo que tú has aprendido con lo que te traen los Reyes año tras año.
Mientras lo contabas, pensaba que tus amigos no necesitamos un caballo para estar a gusto a tu lado, ni nos hace falta esperar a la otra vida para disfrutar contigo. Y aunque compartamos contigo la afición por los caballos, no es eso lo que nos lleva a buscarte, si no el espíritu del niño que permanece en ti.
Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader
Jul 31, 2019 | Aficiones, Escritos
Para alimentar el gusanillo de una de mis aficiones, de vez en cuando veo el programa “Todo Caballo” de la televisión Canal Sur, a través de youtube. Para mí cumple tres condiciones interesantes:
Entretenido: la belleza del caballo va acompañada de la del paisaje andaluz, mostrada por una fotografía muy cuidada
Divertido: el presentador es ameno, imprime un ritmo ágil, divide el programa en varios apartados y cuando pasan de uno a otro, te quedas con ganas de más.
Formativo: aporta mucha información sobre el mundo del caballo; en cada programa aprendo algo de lo que me interesa.
El viernes por la noche nos alargamos en la sobremesa, el ambiente estaba distendido y surgía la conversación con facilidad. Poco a poco se levantó uno, otro y otro, hasta que todos acabamos delante de la tele, ya un poco tarde. Después del primer zapping no encontramos algo de interés, así que propuse ver uno de los programas de Todo Caballo: aplausos generalizados, poco más y me hacen la ola. No es que a ellos les guste, pero saben que a mí sí; son esos momentos de familia en que uno se siente comprendido y querido.
A la mañana siguiente nos juntamos el grupo habitual de los sábados para desayunar; es una costumbre que mantenemos desde hace tiempo. Contamos las novedades de la semana y arreglamos el mundo en aquellas partes más urgentes; pero siempre dejamos algo para la semana siguiente.
En esta ocasión les conté el impacto que me había producido la reacción tan bonita que tuvieron en casa la noche anterior, cuándo propuse ver un programa de caballos, y el sentimiento que despertaron en mí. Todavía tenía la palabra en la boca, cuando Ramón me cortó ¡vaya, uno fútbol, otro tenis y otro caballos! ¿Es que nadie ve algo normal en la tele? De repente, había pasado de sentirme acogido a sentirme rechazado, de ser querido con mis peculiaridades a ser arrinconado por ellas.
Respiré hondo, aguanté el tirón y conseguí que no me afectara. Entendí que en su reacción primaria, había soltado una frase de una profundidad enorme, como el brochazo que llena el lienzo dejando la impronta del artista; si además la enmarcaba con el tono burlón que la dijo, de superioridad, con aire de malote perdonavidas, salía un cuadro digno del mejor museo. La conversación giró a otros temas, al acabar nos despedimos hasta la próxima semana. Pero el resto del día me acompañaron algunas preguntas para las que busco respuesta: ¿qué es “lo” normal? ¿quién lo decide? ¿por qué nos cuesta querer las particularidades de los demás?
Conozco bien a Ramón, es un tipo inteligente, de pensamiento profundo, que dedica su día a ayudar a otros dentro y fuera del trabajo, una persona buena. Pero tiene una pega, sólo una, aunque grande: no es como yo. Se lo he dicho unas cuantas veces, pero insiste en ser como él y se equivoca. Porque mis gustos son normales, mis aficiones son normales, incluso mis manías son normales. Claro que, si se esfuerza, aún está a tiempo. Desde aquí le envío una palmadita en la espalda ¡ánimo Ramón que tú puedes, que si te esfuerzas lo conseguirás… ser como yo!
Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader
Jul 4, 2019 | Aficiones, Escritos
Mi madre ha tenido desde siempre una gran afición por las flores y la mantiene en la medida que sus fuerzas le permiten llegar a los cuidados que requieren. Cuando de mayor tuvo más tiempo libre, la afición creció y también intentó conquistarme para ese mundo. No lo tenía fácil; por más que el alumno ponga empeño, hay sensibilidades que no crecen sólo con el esfuerzo y la buena voluntad.
Cada vez que voy a verle, paseamos por la terraza y me cuenta las peculiaridades de cada una: quién le dio la simiente, cuándo la sembró, las incidencias que ha tenido y cómo ha conseguido salvarla, los planes que tiene con ella… Sólo por ver su cara cuándo me habla de las plantas, vale la pena el viaje. Claro, que ella habla con esa emoción de todas las ilusiones que tiene en la vida: las plantas, los hijos, los nietos, los bisnietos y más cosas.
En la primavera de 2019 había comprado unas petunias. En el paseo por la terraza me describió sus características: plantas anuales de hojas alargadas o redondeadas, con flores solitarias y axilares que surgen en los ápices de las ramas. El cáliz es tubular, con corola en forma de trompeta y muy pedunculadas. La floración es abundante, sin parar desde principios de primavera hasta finales de otoño. Pueden tener cualquier color excepto el naranja. Toda la planta exhala un agradable aroma.
A la mañana siguiente nos sentamos a disfrutar del chocolate delicioso que hace para desayunar todos los domingos. La conversación estaba animada, tocó varios temas, pasaba de uno a otro con facilidad; de repente cambió el gesto, se detuvo y me dijo algo seria: “mira, no pongas petunias rojas porque son muy “apagás”; las de color rosa y las blancas son más agradecidas. A mí las rojas nunca me salen bien”.
Me detuve a mirarla con cara de interés, la cuchara a mitad de camino entre la taza y la boca, los ojos bien abiertos y por dentro procesando la información como si en ello me fuera la vida. Tuve suerte de que no me preguntara por las petunias blancas y de color rosa que me había dado en el viaje anterior, porque las tenía en casa muy pochas por haberlas regado más de lo que me dijo.
Cuántas veces me ha pesado no hacer caso a sus consejos; en asuntos prácticos y en otros de fondo, que las madres aciertan en todo.
Mientras acabábamos el chocolate, una voz interior me repetía: presta atención, toma buena nota y cuidado con las petunias rojas.
Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader
30/07/25