Después de comer estuvo inquieto, movía las piernas, se destapaba, agitaba los brazos, pedía algo que no acertábamos a entender. Le tome una mano con caricias mientras le susurraba una historia al oído sabiendo que nos oía, en un afán de reforzar la acción de los calmantes y devolverle la paz. Se fueron las visitas, nos dejaron solos al tiempo que se quedó relajado, como dormido, con la boca abierta para respirar fuerte. Acomodé con suavidad un beso en su frente y me senté a su lado.
A través del ventanal se veía el parque que bordea el hospital; a última hora de la tarde algunas personas salían a pasear y decir adiós al sol poniente que se filtraba entre las ramas de los árboles. La calma que transmitía la imagen exterior se colaba al interior, sólo interrumpida por el sonido cadente de la respiración intensa del enfermo.
Le miré de nuevo y allí estaba el Javier de siempre. El trato íntimo, diario, que hemos mantenido en esta última etapa, no me daba perspectiva para descubrir el deterioro de su cuerpo, patente a los ojos de los demás. Y porque con los ojos del cariño le veía igual que antes, se me escapó una sonrisa cuando resonó en mi interior la pregunta “¿alguien viene a correr?” Fue hace veinticinco años, el primer día que conocí a Javi en una convivencia; como la ignorancia es atrevida, levanté la mano sin saber que era un deportista bragado en mil carreras. Desde entonces hemos rodado juntos muchos kilómetros, hemos compartido muchas aventuras y han sido horas de conversar sobre los temas que le llenaban: la ilusión profesional, la familia, los amigos; todo impregnado por la fe que le movía y que quería transmitir.
Un miércoles a principios de junio me había invitado a comer en su casa; hablamos de planes en los que ponía alma, vida y corazón. Esperó al café para darme la noticia: “esta mañana me han confirmado que tengo cáncer y que irá rápido”. No hubo hueco para los sentimientos -Javier era así- si no un volver a los proyectos en marcha, ahora con la urgencia de acabarlos para facilitar el trabajo a los demás. Aceptó la invitación que Dios le hacía para participar en una carrera especial, distinta a cualquiera de los maratones que acumula en su dilatada experiencia de corredor de fondo. Asumió el reto con deportividad y le acompañamos en la preparación. “Rezad para que no haga el ridículo” y ahí nos ha tenido a todos dándole aliento.
Intentó hacer lo de siempre como si el horizonte, esa línea en que de la tierra se pasa al cielo, estuviera fuera del alcance de su vista; pero aceptando las limitaciones que cada despertar le traía. Pronto me dio las claves de acceso a todo lo personal: teléfono, ordenador, cuenta; “haced lo que queráis” y su interés se centró en las personas, en cómo ayudar a todos los amigos, en acelerar la gestión de los favores que tenía en marcha. Y en prepararse para cuando llegara el momento del pistoletazo de salida.
Me había distraído con estos pensamientos mirando a la gente que paseaba por el parque; volví la mirada hacia la cabecera, el ruido de la respiración había bajado de intensidad. De pie, su mano entre las mías, le desgrané una avemaría al oído, despacio, por si en su interior la seguía. Pulsé el botón, entró la enfermera y a continuación, la doctora. Me aparté ligeramente para facilitar su trabajo y en un instante, mirándome a la cara “Javier se nos ha ido”.
Respiré hondo, era lo esperado, pero no por eso dejaba de doler. Pensé en quienes le han acompañado en este tiempo, en tantos que le quieren, en todos los que hubieran querido estar allí en aquel momento y completé las palabras de la doctora; esa era sólo una parte de la realidad, porque en el corazón de todos ellos, también Javier se ha quedado.
Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader
23/07/2025
Este blog es un pequeño cajón de sastre donde encontrarás escritos inspirados en el día a día, apuntes sobre aficiones y entretenimientos, comentarios a noticias leídas, material para descargar y asuntos varios. El día a día del que aprendemos continuamente, porque estamos en la escuela de la vida.
Sencillamente genial. Un abrazo Rafa, esas palabras animan a acudir a Javier, a quien conocí en Cuatro Caminos hace tantísimos años, y con quien compartí varias convivencias.
Preciosas palabras, Rafael.
Dignas del recuerdo de la gran persona que era Javier.
Dejo una gran huella en todos los que compartimos con el horas de trabajo.
Descanse en paz
Mil gracias por este regalo, Rafael.
Desde que se nos ha ido, siempre digo que Javier está en el cielo… o a cinco minutos. Cuántas emociones juntas…
También me gusta decir que Javier está entre las cuatro o cinco mejores personas que he conocido en mi vida. Desde que lo conocí, siempre estábamos bromeando, siempre preocupándose por mí y ayudándome en todo lo que podía…
Es la persona que me acompañó en mis primeros pasos en la Obra, siempre pendiente de mí… Qué regalo de Dios para nuestras vidas…
El ha completado la carrera (no llega a ser de fondo-fondo: no le ha hecho falta) «In belleza»
Gracias Rafa por estas sentidas palabras y por haberle acompañado en esta última fase.
Javier era muy aficionado a aterrizar las ideas en decisiones concretas. No le gustaba nada moverse en teorias. Su buen humor era muy personal, con un toque de ironía que nunca llegaba a ser hiriente por el cariño que transparentaba. Recuerdo que cuando la casa de Húmera estaba todavía en fase de idea nos regaló muchas horas de su trabajo experimentado, rehaciendo los bocetos una y otra vez, hasta que un día nos dijo con una sonrisa: «podríamos seguir haciendo bocetos hasta el fin de los tiempos, pero en la vida hay momentos en los que hay que tomar decisiones… y éste es uno de ellos».
Me alegro de que disfrutara de la casa aunque fuera por un poco de tiempo al final de su vida. Dos semanas antes de su final le pedí -apelando a la mayor fuerza de la oración de los enfermos- que encomendara otra iniciativa con alguna similaridad, esta vez en USA, a lo que me contestó inmediatamente por whatsapp: «Cuenta con ello»
Me alegro de que haya entrado a tiempo en la cartera de pedidos para la otra vida. Mi única preocupación es que como tendrá un cielo muy grande, no le quede tiempo libre, todo el día corriendo de acá para allá… 🙂
Muchas gracias Rafa por tus palabras. Son maravillosas y animantes porque ya tenemos otro hermano en el cielo.
Me ha gustado mucho y has logrado que se me escape alguna lágrima.
Javier y yo nos conocimos en noviembre de 1967 y pienso que puedo aportar algún recuerdo de aquella época.
Nos conocimos en la Escuela de Aparejadores haciendo 2° curso. A mí me ubicaron en un grupo donde no conocía a casi nadie, pero enseguida me fijé en 4 ó 5 chicos que eran amigos entre ellos y parecían muy buena gente. Un día salí de clase con ellos y me comentó uno (Javier), que iban a entrenar para un croos universitario que se correría el sábado, y me dijo que si me interesaba correr el sábado con ellos. Le dije que sí y él me respondió: ¡Estupendo! Que vamos todos apoyándonos.
Y así corrí mi primer croos con Javi.
En ese momento él no sabía que yo corría con él equipo de Tajamar y estaba más entrenado que ellos.
Después corrimos más veces,también en pista.
Pero no todo iba a ser correr y a los pocos días le hablé de Cuatro Caminos y con toda sencillez me dijo que quería conocerlo. Y así lo hizo, y desde el principio se encontró súper encajado.
En diciembre Javier,sus amigos y yo ganamos el mejor proyecto de Belén, y eso nos hizo pasar muchos ratos de familia durante la Navidad en Cuatro Caminos.
Creo que en enero o febrero hizo un curso de retiro y vino de él con un celo apostólico que nunca disminuyó.
Conocí a su madre que desde el principio vio venir el desenlace, pero no puso pegas. Javier pitó creo que en marzo o abril.
Recuerdo que una semana antes de pitar me dijo que ese fin de semana quería despedirse de los guateques asistiendo a uno que le habían invitado. Yo le dije que no hacía falta, que no la liara, … Pero me dijo que no me preocupara. Y eso intenté.
Todos los de la pandilla y otros, que agregaron a ella, fueron por Cuatro Caminos y cuatro o cinco pitaron en ese curso y el siguiente.
Luego al acabar los estudios nuestros caminos profesionales se separaron y nos separaron, pero siempre ha sido un referente para mí. Cuando coincidíamos, en alguna convivencia o retiro, pasábamos ratos muy buenos recordando y animandonos mutuamente.
Muchas gracias Rafa. Hablé con Javier desde Granada unos días antes de que ingresará en Laguna. En Granada estábamos de curso de inglés con chicos de 6ºde primaria y 1º de eso. A propuesta de Richo un misterio del rosario siempre iba destinado a Javier. Cuando hablé con Javier me dijo que estaba felicísimo. Javier ha sido un gran ejemplo de saber vivir y saber morir. Seguro que nada más llegar al cielo se habrá fundido en un gran abrazo con Marcos Polo, pero como decía Marco sigamos rezando por ellos por si aún necesitan un poco de nuestra ayuda.