Bajo el impacto del descarrilamiento de trenes con que se estrena el 2026, como quien quiere dar al traste con todos los buenos deseos con que lo recibimos, quiero agradecer a todos los socorredores de cualquier clase que con su ejemplo de altura de miras nos ayudan a transitar por estas situaciones imprevistas. A ellos dedico este escrito que ya publiqué hace un tiempo:
«He salido pronto de viaje para evitar el calor de mediodía. A esta primera hora la carretera está tranquila, conduzco relajado con velocidad fija, despreocupado de quienes me adelantan; a derecha e izquierda, los rastrojos aún mantienen la paja de la mies recién cosechada. Un poco más adelante, dos tractores cargados con el grano levantan el polvo del camino y obligan a subir la ventanilla del coche.
Pongo música, suena Melendi:
No se confunda / No es lo mismo pisotear que dejar huella / Usted tan sólo mira al cielo / Mientras yo veo las estrellas.
Y el recuerdo se me va a la conversación mantenida con Julio esta semana:
«Rafa, ayer se reunió el equipo médico que me lleva. Con todas las pruebas sobre la mesa, queda claro que mi cuerpo ya no responde al tratamiento. Me plantearon dos opciones: pasar a paliativos o apostar por una intervención arriesgada de resultado incierto que alargaría la esperanza de vida en unos meses. Por la noche, cogidos de la mano con Elena y los niños, decidimos paliativos. Con eso, lo que me queda pueden ser dos semanas, máximo dos meses. Estoy sereno, confiado en Dios, contento de todo lo que me ha dado y de cómo se quedan ellos. Puesto que el final es bueno, que llegue cuando Él quiera. Además, ya sabes que en estos años que llevo conviviendo con la enfermedad, me he zafado de varios ultimátum. Y ahora ¡quién sabe!»
El nudo en la garganta me impidió decir gran cosa, mientras él siguió contando los planes para este corto plazo y animándome como si fuera yo quien tiene la fecha marcada en el calendario.
Durante los veinte años largos de trato, su actitud ante los reveses de la vida ha sido un ejemplo para mí, que siempre agradeceré por lo mucho que me ha ayudado; lo mismo sucede con la amistad que surgió y hemos profundizado durante este tiempo, aun sabiendo que estamos en dos categorías distintas: pues mientras yo miro al cielo, él contempla las estrellas; y mientras yo paso por la vida pisoteando, él deja huella. Y claro, no es lo mismo.»
Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader
17 de julio de 2021
Este blog es un pequeño cajón de sastre donde encontrarás escritos inspirados en el día a día, apuntes sobre aficiones y entretenimientos, comentarios a noticias leídas, material para descargar y asuntos varios. El día a día del que aprendemos continuamente, porque estamos en la escuela de la vida.
Jolin Rafa,me faltaba tu blog para completar la semana. La verdad es que es una elección ideal para enseñar como afrontar momentos cruciales, una lección de vida hacia todo y hacia todos.
Ojala todos seamos capaces de afrontar momentos parecidos con la misma serenidad.
Gracias por compartir la vivencia
Sinduda la vida tiene dias que pueden canviartela
Però mirando el cielo descubrimos que estamos creadors para la eternidad..
Rafa , este escrito ànima a pensar en los demas, que són la razon de nuestra vida.