La habitación que ocupo cuando voy a casa de mi hermana está orientada hacia el mar; desde un 5º piso de una casa situada al inicio de la parte alta de Barcelona, la altura permite ver el agua en los días claros por el espacio que abre la calle de enfrente en su descenso hacia el corazón de la ciudad.

Al levantar la persiana esta mañana, la naturaleza me guardaba una sorpresa. Después de unos días nublados y lluviosos, las nubes se estiraban por el firmamento dejando huecos por los que se asomaba el sol. El reflejo sobre la superficie inmensa del mar tranquilo me llegaba hasta la ventana como un tintineo de miles de espejos chiquitines que brillaban con guiños de alegría. Con la nariz pegada al cristal de la ventana, me he dejado llevar de aquella maravilla y la imaginación ha volado en un aleteo de gratitud y contento, recorriendo desde las alturas el universo de mis sueños, tejidos de familia, amigos, proyectos, ilusiones, aficiones… ¡Tanto hecho, tanto disfrutado! Y tanto por hacer, que me parece que una vida será poco, porque al registro de entrada llegan más que al de salida y la cola de los sueños pendientes crece y crece.

Así estaba cuando he recordado un fragmento de la novela “Blanca como la nieve, roja como la sangre” del italiano Alessandro D’Avenia. El protagonista, Leo, es un adolescente en estado puro que tiene la cabeza llena de líos y el corazón de buenos sentimientos no siempre bien aplicados. Está en busca del sueño que de sentido a su vida:

“Yo todavía no tengo un sueño concreto, pero justo eso es lo bonito. Es tan desconocido que me emociono solo de pensarlo. Silvia también tiene un sueño. Quiere ser pintora. Silvia pinta muy bien, es su afición preferida.

—Pero mis padres no quieren, apunta Silvia. Dicen que eso solo puede ser una afición, pero jamás mi futuro.

Definitivamente, los mayores están en el mundo para recordarnos los miedos que nosotros no tenemos. Los mayores tienen miedo. En cambio, a mí me alegra que Silvia tenga ese sueño. Cuando habla le brillan los ojos, como brillan los ojos del Soñador (el profe) cuando explica. Como brillaban los ojos de Alejandro Magno, de Miguel Ángel, de Dante… Los ojos rojosangre, llenos de vida… Para mí, el de Silvia es el sueño oportuno. Le he pedido que me mire los ojos y que me avise cuando brillen, así a lo mejor descubro mi sueño mientras le hablo de algo, no vaya a ser que esté distraído y no me dé cuenta.”

A ver si lo entiendo: si tienes un sueño los ojos te brillan, como lo hacían los de grandes personajes, con brillo rojosangre, llenos de vida. Es decir, si tienes sueños estás lleno de vida.

Claro, ahora entiendo por qué mi madre ha llegado a los cien y tan contenta.

Rafael Dolader – vidaescuela.es – @rdolader